
Proteger a la infancia y a la juventud
Vivimos en un entorno digital y de convergencia tecnológica que ofrece grandes posibilidades:
- Para la interrelación entre las personas.
- Para beneficiarse de una amplia oferta de bienes y servicios.
- Para recibir y difundir un elevadísimo volumen de contenidos audiovisuales en línea orientados a la información, la formación y el entretenimiento.
Junto a estas indudables ventajas, aparecen sin embargo otros efectos de signo negativo, como el crecimiento de la desinformación; los fraudes en internet; el ciberacoso y los ataques a la dignidad de las personas; la polarización de la opinión pública, o el fácil acceso de los menores a contenidos perjudiciales para su desarrollo físico, mental y emocional, como los relacionados con la violencia extrema y la pornografía.
En el caso de los menores, la legislación europea y nacional y los códigos de buenas prácticas inciden en la importancia de garantizar la aplicación de sistemas de verificación de edad por parte de las plataformas y redes sociales, así como de herramientas de control parental en los diferentes dispositivos utilizados: receptores de televisión, teléfonos móviles, ordenadores de mesa y portátiles, tabletas, videoconsolas, etc.
No cabe duda de que estos sistemas y herramientas son fundamentales para la protección de los menores. Pero no serán eficaces si no existe previamente un etiquetado sistemático de los contenidos que los califique por edades y que advierta, en caso necesario, de su carácter perjudicial para la infancia y la juventud, de modo que pueda aplicárseles el filtrado en difusión (verificación) y, si así se desea, en destino (control).

Es decir, el etiquetado eficiente de los contenidos audiovisuales, junto con sistemas de filtrado igualmente eficientes basados en ese etiquetado e integrados en los diferentes dispositivos, permiten a las personas potencialmente receptoras de esos contenidos ejercer su derecho a decidir, de manera informada, sobre su visionado.


