El efecto entre los menores del consumo de pornografía

Como señala el psicólogo José Luis García , diferentes estudios científicos señalan algunos efectos del consumo de pornografía entre los menores.

Entre ellos pueden destacarse, según este especialista:

  • Afectación a funciones básicas del cerebro. Puede reducirse la cantidad de materia gris del córtex, encargado de evaluar y tomar decisiones, así como de controlar nuestra conducta. También puede afectar a las funciones cognitivas, disminuyendo el rendimiento y la memoria y alterando la sensibilidad y la empatía.
  • Problemas relacionados con la conducta sexual. Hipersexualidad y adicción al sexo. Disfunciones (en ambos sexos). Prácticas de riesgo (agudizadas por el consumo de sustancias) que pueden derivar en enfermedades de transmisión sexual (ETS).
  • Trastornos emocionales y de sociabilidad. Conflictos de pareja

A los anteriores pueden añadirse otros, como los riesgos para el corazón de un consumo juvenil masculino creciente de medicamentos contra la disfunción eréctil.

La pornografía como adicción

La capacidad de la pornografía para crear dependencia sigue un patrón similar a otras adicciones más conocidas, con o sin sustancia: repetición incontrolada y compulsiva de un comportamiento, siendo la precocidad en la exposición un factor que incrementa la vulnerabilidad, y en consecuencia la gravedad de sus efectos actuales y futuros.

Algunos chicos y chicas desconocen sus efectos o los minusvaloran. Otros son conscientes de su dependencia, pero les avergüenza pedir ayuda familiar o profesional por las connotaciones íntimas del problema.

por modelado o el emocional, incluso el operante, nos permiten comprender muy bien como los humanos nos comportamos en al ámbito sexual.

La sexualidad es una dimensión humana positiva, que genera gran interés en la mayoría de las personas, desde la más tierna infancia, estando presente a lo largo de toda la vida e implicada en las relaciones, en la salud y en el bienestar de los seres humanos.

Pero al igual que puede ser una fuente positiva de bienestar y salud, puede ocurrir lo contrario, que genere dolor y sufrimiento, dependiendo de muy diversas contingencias. Al igual que la ingesta de tóxicos (tabaco, alcohol o drogas) en edades tempranas puede ser nociva para la salud, determinadas experiencias sexuales inadecuadas (incluso pensamientos y creencias) precoces pueden interferir en ese desarrollo saludable.

Las pantallas ofrecen gratificaciones permanentes, inmediatas y fáciles.

No menos me preocupa, el hecho de que se han convertido en modelos de conducta a seguir por otras niñas y por sus respectivos progenitores, que anhelan obtener un filón de dinero comerciando con su retoño. Ya hay academias de influencers y de youtubers.
También aquellas menores que, sin darse cuenta, influenciadas por las RRSS, como Instagram o TikTok, y que afectan negativamente a su ya de por sí baja autoestima, que maltratan su cuerpo con dietas imposibles.

O lo exhiben como elemento de excitación sexual para otros adultos, perreando con movimientos pélvicos sexys, ofreciendo sus cuerpos sexualizados, sin valorar el alcance de ese comportamiento- las más de las veces con la pretensión de obtener likes y seguidores, cuando en realidad lo que buscan es ser reconocidas y queridas– arriesgándose a ser objeto de manipulación y grooming por parte de los depredadores sexuales que abundan en esos espacios.

El poder de la pantalla

Es indudable que la pantalla, especialmente lo que se ve en ella, seduce y gratifica, mantiene la atención, es permanentemente novedosa y ofrece múltiples satisfacciones. Es un chute de dopamina. De ahí su poder adictivo, razón por la que ha sido catalogada como la nueva droga del Siglo XXI. El ser humano necesita sentirse querido, que le quieran y eso puede obtenerse a través de reconocimientos verbales sencillos (decir por ejemplo eres valioso, te quiero…) o a través de dinero, premios, homenajes…

El sentirse querido es un acicate destacado de la conducta, una espoleta que la activa y la pone en marcha. Ser reconocido es otro chute. Sin embargo, ese afán por conseguir likes y los seguidores no parece muy saludable, por cuanto son sustitutos ilusorios de esa necesidad psicológica básica de los seres humanos. Duran, lo que dura una pavesa que asciende rápidamente desde el fuego.

Y, como era de esperar, acaban frustrando. El daño psicológico de plataformas como TikTok o Instagram ha sido reconocido por sus propios creadores, pero ahí siguen, con cientos de millones de usuarios, muchos de ellos menores, incluso niños/as con sus cuentas oficiales.

Dejemos que niños y niñas vivan su infancia, fuera de la sexualización de los adultos y mucho menos incluirlos en el mercadeo sexual de los mayores (el caso de TikTok es un claro ejemplo) con los abusos sexuales y violaciones de las que son objeto, inaceptables desde todo punto de vista. (clica aquí si quieres saber más)

Tambien que los alejemos de los llamados metafóricamente “contenidos para adultos” por las razones que veremos en este y en los próximos artículos, mientras que les vamos capacitando para que puedan afrontarlos con éxito.

En fin, en todo caso, nos encontramos con problemas inéditos, en un mundo nuevo, que se ha transformado radicalmente con la generalización del acceso a Internet, un invento maravilloso y apasionante que nadie pone en duda. Pero en la mochila de ese avance, también hay espacio para los efectos adversos que su uso inapropiado puede conllevar.

Sería deseable separar el polvo de la paja y extraer los elementos positivos, reconociendo que este avance ha venido inevitablemente acompañado, en el mismo paquete, de otros tantos riesgos de salud, entre los destaco aquellos que tienen que ver con las conductas adictivas derivadas del consumo de las películas sexuales.

Tal vez, más temprano que tarde, la disrupción en el proceso evolutivo y emocional de esas niñas-anuncio, o de la exposición a la pornoviolencia, les pasará factura en su salud mental y sexual, toda vez que se les habrá privado, sin vuelta a atrás, de la vivencia única e irrepetible de experimentar en primera persona ese proceso distintivo de “ir haciéndose adulto” y afrontar todos los desafíos que ese devenir evolutivo puede comportar.

Muchos padres y madres no son conscientes de la necesidad de hablar con sus hijos e hijas de todas estas cuestiones que tienen que ver con la sexualidad y la pornografía cuantos antes, agobiados por preguntas de este tipo: ¿Qué decirles? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿De qué hablarles? ¿Cuántas veces? ¿Y si no preguntan? etc. lo que conlleva a abandonar el diálogo. En mi programa TUS HIJOS VEN PORNO, explico todo ello con amplitud y subrayo las consecuencias de repetir el bucle del silencio de generación tras generación, así como la necesidad de formarse y actualizar sus conocimientos.

El próximo viernes (PornEducation para el finde, ¿te atreves? #PornEducationParaElFinde ) publicaremos el segundo artículo (puedes leerlo aquí) donde esbozamos el impacto de los estímulos sexuales de carácter audiovisual y la realidad del uso de películas sexuales pornoviolentas en menores y sus efectos en el cerebro. Hasta entonces.

(*) PornEducation para el finde, ¿te atreves? , es una nueva propuesta, una más, a modo de campaña de sensibilización, que quiere ofrecer contenidos formativos por medio de artículos de divulgación , que se publicaran en este blog cada viernes, para leerlos y comentarlos el fin de semana con tranquilidad, con el hashtag: #PornEducationParaElFinde

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